El pasado 1 de marzo tuvieron lugar elecciones al Parlamento vasco. El PNV ganó por novena vez consecutiva desde 1980 e inclusño mejoró los resultados obtenidos en las pasadas elecciones de 2005, pero el PSE experimentó una fuerte subida que le llevó a pasar de 18 a 25 escaños. El PP retrocedió levemente pasando de 15 a 13 escaños, mientras Aralar también subió mucho al captar el voto de la ilegalizada Batasuna pasando así a tener cinco escaños, frente al único escaño que había tenido durante la pasada legislatura. EA y EB quedaron reducidas a una posición testimonial con apenas un escaño cada una y UPD entró en el parlamento vasco con un escaño correspondiente a Gorka Maneiro.
Una vez conocidos estos resultados saltó a la vista de todos que la reedición del llamado tripartito nacionalista formado por PNV, EA y EB resultaba imposible. Entonces tan sólo cabían dos opciones para asegurar la gobernabilidad del País Vasco: la formación de un gran gobierno de coalición entre PNV y PSE como los que habían tenido lugar entre 1986 y 1998 o bien un gobierno de minoría presidido por Patxi López, líder del PSE, con apoyo externo de PP y UPD.
Al ser la fuerza más votada fue al PNV a quién le correspondió abrir ronda negociadora para formar el nuevo gobierno vasco. Los nacionalistas apostaban por la formación de un gobierno de coalición con el PSE, en forma de un gran pacto que permitiera asegurar la estabilidad política en el País Vasco y en el conjunto de España apoyando al gobierno socialista de José Luís Rodríguez Zapatero con medidas concretas para salir de la crisis económica, pero los socialistas vascos se negaron a dar su apoyo al PNV. A la desesperada Urkullu e Ibarretxe trataron de obtener el apoyo del PP, proponiéndoles a la vez un gran acuerdo en la política estatal para hacer oposición conjunta al PSOE. Pese a las reiteradas presiones de empresarios próximos al mundo nacionalista el líder de los populares vascos, Antonio Basagoiti, se negó y apostó por la alternancia que pasaba por poner punto y final a treinta años de gobierno peneuvista.
Fracasados los intentos del PNV para formar gobierno le correspondió el turno a Patxi López. Tras unas breves pero intensas negociaciones se logró plasmar el cambio histórico: el PP apoyaría la investidura de López y de esta manera pondría punto y final a treinta años de gobierno nacionalista, abriendo la puerta al primer lehendakari no nacionalista de la historia autónoma vasca. A cambio los populares obtuvieron la presidencia de la cámara vasca en la figura de Arantza Zulueta. Populares y socialistas han pactado un programa que permitirá a los primeros prestar apoyo externo al gobierno de López sin pertenecer al mismo y que se basará en tres ejes: la deslegitimación del entorno político de ETA, la lucha contra la crisis económica y el mantenimiento del clásico modelo bilingue vasco.
Se da la circunstancia que en el tablero de juego estatal el PNV había representado, junto al BNG, el gran apoyo del gobierno Zapatero desde la recta final de la anterior legislatura. Tras el 1 de marzo perder a ambos socios representaba quedarse en una situación de completa debilidad parlamentaria que ya se había empezado a hacer evidente antes de las pasadas Elecciones Generales. A Ferraz ello no le importó y apostaron por un gobierno no nacionalista en el País Vasco en base a las siguentes razones: la novedad que supone toda alternancia en el poder y la esperanza de poder acabar con ETA desde un gobierno no nacionalista.
Patxi López ha formado un gobierno con diez consejeros (dos menos que en la anterior legislatura) de los cuáles cinco son hombres y cinco mujeres. No es un gobierno monocolor socialista pues en él se integran tres consejeros independientes: Bernabé Unda (Industria), Carlos Aguirre (Economía) y Begoña Urgell en Cultura. En Interior destaca el histórico socialista Rodolfo Ares a quien le corresponde el difícil reto de dirigir a la Ertzantza tras treinta años de gobiernos nacionalistas. Ares intentará acabar con ETA mediante la vía policial coordinando estrategias con el Gobierno central. Idoia Mendía además de ser consejera de Justicia también será la nueva portavoz del gobierno vasco. Y como consejero de Obras Públicas a Iñaki Arriola le ha caido encima una patata caliente: la realización del AVE vasco o Y griega vasca amenazada por el chantaje de ETA y su entorno. A Isabel Celaá desde Educación le corresponderá afrontar la patata caliente del modelo linguistico. Completan el organigrama Pilar Unzalu en Medio Ambiente y Gemma Zabaleta en Asuntos Sociales y Empleo.
Cuantiosos, importantes y urgentes son los retos a los que debe hacer frente el nuevo gobierno vasco, pero concedámosle de momento el beneficio de la duda pues parece que Patxi López ha logrado formar un gobierno plural y competente. Pero apenas ha empezado a andar y ya le ha surgido una importante amenaza en el horizonte que el sagaz Ramón Jáuregui ha sido el primero en advertir, pues resulta que en las Cortes PNV y PP han intenisficado sus relaciones hasta el extremo de conformar un frente opositor muy activo que amenaza seriamente la supervivencia del gobierno Zapatero. Resulta incompatible que PNV y PP se entiendan en Madrid mientras el PP apoya en Euskadi a Patxi López ha remarcado el viejo Jáuregui. Y tiene toda la razón: a largo plazo resulta una situación absolutamente insostenible. Pero de momento nadie quiere amargar la fiesta y no se le ha hecho caso. Veremos si el tiempo le da la razón.....
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