Durante los pasados días 6, 7 y 8 de julio tuvo lugar en Madrid el 38º Congreso del PSOE. Dicho congreso se preveía anodino y por lo tanto claramente aburrido de no ser por el interés que despertaban ciertas enmiendas presentadas por la militancia socialista referentes al voto de los inmigrantes, la eutanasia, la llamada ley de plazos destinada a la ampliación del aborto, la supresión de los funerales de Estado e incluso la ruptura del Concordato entre España y el Vaticano.
Con todas estas propuestas la militancia socialista introducía un elemento de interés al congreso del PSOE desbordando claramente a su cúpula directiva por la izquierda, con lo cuál la ponía en un brete evidente, pues durante la pasada campaña electoral el mismo Zapatero había mostrado un no rotundo a todas estas demandas, al igual que otros dirigentes socialistas también lo habían hecho en privado. Tras el efectivo giro centrista experimentado por el Partido Popular en el último congreso, el único punto de ventaja frente a los populares tras los tres puntos y medio de las últimas elecciones y el desgaste derivado de la crisis económica los socialistas entendieron que debían hacer un giro de complicidad hacia su masa social, pues si no corrían el peligro de perder el atractivo que hasta ahora tenía su opción electoral y empezar a perder apoyos ya que flota en el ambiente una cierta decepción con el PSOE y también un cierto peligro de quedarse sin mensaje, sin relato.
De hecho el inicio del congreso se pareció más a una coyuntura pasada que a la actual, pues José Blanco abrió el congreso con un discurso que tenía como único mensaje la crítica a un Partido Popular sumido en la derecha extrema, como si no hubiese cambiado de actitud y girado hacia el centro. Luego, por la tarde saltaban las noticias que ponían fin a la sensación de modorra y aburrimiento: la dirección socialista cambiaba de actitud y se mostraba dispuesta a aceptar el voto de los inmigrantes en las Elecciones Municipales, la ley de plazos en materia de aborto, la eutanasia y la supresión de los funerales de Estado. Por la noche a todos los centristas de España se nos puso el vello de punta pues todo ello suponía una peligrosísima e inaudita radicalización del PSOE jamás vista desde el inicio de la democracia. Especialmente preocupante era la supresión de los funerales de Estado pues suponía una medida absolutamente radical, inaudita e irresponsable que no tiene parangón en ninguno de los países de nuestro entorno democrático: países que siempre han disfrutado de una mayor tradición democrática y de modernidad que nosotros. Si Francia, Gran Bretaña, Alemania o Italia jamás han adoptado una medida de este tipo España no va a ser moderna ni va a marcar la pauta en Europa por hacerlo.
Pero durante la mañana la dirección de los socialistas con José Luís Rodríguez Zapatero en persona mandó dar marcha atrás y el veterano Ramón Jáuregui se encargó de aplicar las directrices del Presidente del Gobierno. La eutanasia se convertía en derecho a morir dignamente, no habría en ningún caso supresión de los funerales de Estado y tampoco habría ley de plazos si no se evidenciaba la necesidad de cambiar la ley. Al final sólo habrá voto de los inmigrantes en las Elecciones Municipales, sin duda una medida acertada siempre y cuando se haga en base a la medida de la reciprocidad que permita el voto de los españoles en los países de origen de los inmigrantes. En la cúpula directiva hubo pocos cambios con el mantenimiento de José Blanco en el segundo puesto del partido, la continuidad de Manuel Chaves como referente simbólico y la sorprendente ascensión de Leire Pajín a la dirección de la maquinaria del partido como secretaria de Organización.
En resumen, que el congreso del PSOE ha sido un congreso de ida y vuelta porque la dirección ha jugado a amagar y no dar. El congreso era tan aburrido que temían que quedara soterrado bajo otros asuntos y han querido ponerle un poco de emoción a la cosa que al final ha acabado por decepcionar bastante, pues nos hemos quedado sin una respuesta firme, contundente y con contenido frente a la crisis económica.