Sunday, May 11, 2008

El secuestro del Playa de Bakio


El pasado 20 de abril el buque atunero vasco, con base en la localidad vizcaína de Bermeo, Playa de Bakio se hallaba faenando en aguas internacionales frente a las costas de Somalia cuando fue atacado por un grupo de piratas somalíes, que se acercaron al barco cargados con lanzagranadas hasta lograr abordarlo y capturarlo con los veinte marineros que se hallaban en su interior. A partir de ese momento el buque quedó bajo control de los piratas que secuestraron a la tripulación y condujeron el barco hacia aguas somalíes. El Gobierno español envió a la zona dónde se hallaba el buque a la fragata Méndez Núñez y al embajador en Kenia a Mogadiscio para poder evaluar la situación sobre el terreno y de paso conocer las condiciones de los secuestradores para liberar a los marineros. A lo largo de la semana la fragata Méndez Núñez llegó a la zona dónde se hallaba el Playa de Bakio y a la base francesa de Djibouti llegó también un avión Orion de reconocimiento y patrulla costero y aéreo. Finalmente, tras seis días de secuestro los marineros fueron liberados gracias al pago de 720.000 euros a los piratas y escoltado por la fragata Méndez Núñez el Playa de Bakio finalizó su aventura en las Islas Seychelles lugar en el que desembarcó la tripulación.

La gestión de la crisis por parte del Gobierno en los primeros compases de la misma fue positiva. Se adoptó una postura racional, mesurada y de sangre fría que era la adecuada, basada en la combinación de la firmeza necesaria con el envío de la fragata Méndez Núñez y la flexibilidad consistente en el diálogo para saber si las exigencias de los piratas eran asumibles acorde con los intereses españoles. La solución de la crisis pasaba por la salvaguarda de la vida de los marineros junto con la firmeza ante el chantaje de los piratas. Dicho esto vamos a examinar la situación que había sobre el terreno para comprobar si la crisis se solucionó de forma acertada para los intereses de España.

En primer lugar debemos decir que Somalia es un país en el que reina la anarquía desde el año 1991. Tras la salida del poder ese mismo año del dictador Mohamed Siad Barre el país cayó en una feroz guerra civil que desde entonces enfrenta a múltiples facciones en la lucha por el poder, con lo cuál en Somalia reina la anarquía más absoluta. La autoridad gubernamental es cuasi inexistente y el país africano se divide en múltiples facciones en lucha permanente, los islamistas apoyados por Al Qaeda, las tropas etíopes que apoyadas por Estados Unidos intervinieron hace un año para acabar infructuosamente con la anarquía, la región semindependiente de Puntland y los piratas que amenazan el tráfico marítimo por una de las zonas de paso más importantes del planeta.

Resultará evidente para el lector que con el panorama anteriormente descrito la solución dialogada a la crisis se hacía harto difícil habida cuenta de la ausencia de un interlocutor oficial y sobretodo fiable. Al inicio de la crisis la intervención militar española para poner punto y final a la misma era fácil, pues el playa de Bakio se hallaba en aguas internacionales y según las normas del derecho internacional la zona marítima que ostenta dicha categoría corresponde a la soberanía del país que la transita. En cuanto el barco abandonó aguas internacionales para entrar en zona somalí la situación se complicó, pues se necesitaba el permiso del Gobierno somalí para poder llevar a cabo cualquier operación. El Gobierno de Somalia concedió su permiso, pero a cambio ofreció la intervención de su Ejército para capturar a los piratas y poder así liberar al Playa de Bakio. España se negó a contemplar dicha solución, pues la mala preparación y la falta de profesionalidad y equipamiento del Ejército somalí hubiera puesto en peligro la vida de los marineros. Visto lo visto la mejor solución de la crisis para España hubiera sido la intervención militar por sorpresa. Un abordaje directo vía helicópteros desde la fragata hubiera desencadenado la reacción de los piratas, que amados con lanzagranadas RPG podrían haber derribado alguno de los helicópteros llevándose a los marineros tierra adentro: la operación hubiera fracasado.

Por lo tanto la solución hubiera consistido en escenificar el pago del rescate. Los agentes del CNI desplegados sobre el terreno se hubieran acercado al barco con el dinero debidamente señalizado, se lo entregarían y los secuestradores hubieran liberado a los marineros abandonando el barco. Entonces los helicópteros de la Méndez Núñez hubieran partido para perseguir a los piratas capturándolos en la costa y recuperando el botín. Esta hubiera sido la solución ideal para España: liberar a los marineros sanos y salvos sin ceder al chantaje de los piratas.

Pero en vez de esto el Gobierno ha permitido que el armador del Playa de Bakio viajase hasta Londres para negociar con unos abogados que sirven a los intereses bastardos de los piratas, unas auténticas togas sucias, el pago de 720.000 euros para la liberación de los marineros. Los agentes del CNI pagaron a los piratas y permitieron su huida con total impunidad, con lo cuál la posición de España en el contexto internacional ha quedado completamente desprestigiada, más aún de lo que ya estaba. Ahora, los piratas somalíes ya saben qué tipo de buques deben atacar.

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