El pasado 7 de marzo la banda terrorista ETA asesinó en la localidad guipuzcoana de Mondragón al concejal del PSE-EE / PSOE Isaías Carrasco. De esta forma se cerraba dramáticamente un feliz ciclo de cinco años de duración durante el que ETA no asesinó a nadie en Euskadi. Las casualidades son macabras, pues fue en Mondragón dónde ETA mató por última vez precisamente al también concejal socialista Joseba Pagazartundúa.
Todas las acciones de ETA tienen consecuencias y el asesinato de Isaías Carrasco tuvo dos consecuencias directas bien definidas. En primer lugar supuso la ruptura abrupta de la campaña electoral justo cuando se hallaba en su recta final, en su momento más decisivo con el ánimo de interferir en las elecciones y condicionar el resultado de las mismas. La conmoción ciudadana tanto en el País Vasco como en el conjunto de España fue brutal y evidentemente condicionó el resultado de las elecciones, pues significó que todo aquél segmento perteneciente al electorado socialista que no iba a votar o estaba dispuesto a cambiar su voto pues finalmente rectificó su decisión inicial para solidarizarse con el PSOE. Este atentado desmontó el discurso que durante toda la legislatura había mantenido el Partido Popular respecto a la connivencia del PSOE con ETA, premiando a los socialistas por haber hecho todo lo posible por lograr la paz. De esta forma, si este terrible hecho no hubiese tenido lugar la victoria del PSOE sobre el PP hubiera sido muy pequeña.
La segunda consecuencia que tuvo el asesinato de Isaías Carrasco fue la unión entre PNV y PSE-EE/PSOE para aislar y asfixiar al entorno de ETA representado por Acción Nacionalista Vasca (ANV) al objeto de deslegitimar y debilitar a la banda terrorista. Dicha estrategia pasó por la presentación en todos los municipios vascos y navarros gobernados por ANV de las denominadas mociones éticas cuyo objetivo consistía en obligar a la izquierda abertzale a desmarcarse y condenar la violencia etarra. Si la moción triunfaba y ANV no se retractaba la moción derivaría en la subsiguiente presentación de una nueva moción de censura. Hasta el momento las mociones éticas se han presentado en un total de diez municipios y sólo han triunfado en tres de ellos, por lo que su éxito debe cualificarse cuanto menos de discreto. El relativo fracaso de las mismas debe explicarse en base al rechazo expresado por Eusko Alkartasuna, Ezker Batúa y Aralar que una vez más se han centrado en los detalles y no han ido hacia lo fundamental: la derrota de ETA. De hecho el asesinato de Isaías Carrasco incluso ha tenido una tercera consecuencia de tipo indirecto, pues durante las horas inmediatamente posteriores al asesinato se conoció que Ezker Batúa compartía el gobierno de Mondragón con ANV y este hecho generó una mezcla de conmoción y bochorno que tuvo como consecuencia un fuerte castigo electoral para Izquierda Unida obteniendo esta formación un resultado aún más adverso del que ya estaba previsto. Finalmente, durante los días posteriores a las elecciones Ezker Batúa abandonó el gobierno municipal de Mondragón dejando ANV en minoría y expuesta a una moción de censura que se negó a suscribir. En medio de la grave crisis por la que está pasando IU Gaspar Llamazares exigió a EB la expulsión de sus tres concejales en la localidad guipuzcoana, pero la formación encabezada por Javier Madrazo hizo caso omiso por lo que Izquierda Unida se desliza irreparablemente por la pendiente de la desaparición.
Las mociones éticas no poseen una utilidad práctica porque no son suficientes para ahogar y provocar la desaparición del entorno de ETA. La base social que sustenta y legitima a la banda terrorista posee vida propia con respecto a las signas políticas que representan a ETA, pues al margen de que estas estén legalizadas o no su presencia se hace evidente en todos y cada uno de los aspectos cotidianos de la vida en los municipios vascos y navarros. Ello cobró una especial trascendencia durante las horas inmediatamente posteriores al asesinato de Isaías Carrasco, pues la población se encerró en sus viviendas y mostró una frialdad impropia de un hecho de tamaña magnitud. De hecho los miembros del PSE-EE/PSOE que llegaron a Mondragón en mitad de una sensación de angustia difícilmente descriptible tuvieron que abandonar el hotel en el que se hallaban tomando un café, al ser insultados por el personal que regentaba el mismo. Así pues ha llegado el momento de abrir bien los ojos, asumir la realidad con todas sus consecuencias y desterrar el consabido discurso de que ETA tiene un apoyo cada vez menor.
Finalmente una cuarta consecuencia indirecta de este vil asesinato ha sido el anuncio de un incipiente cambio en el mapa político de Euskadi. La presentación de las mociones éticas ha demostrado claramente que PNV y PSE-EE/PSOE poseen una base amplia para poder formar una nueva, estable y duradera alianza de gobierno en todas las instituciones del País Vasco. La divergencia radical de EA, EB y Aralar respecto al PNV en una cuestión tan sensible deja al actual Tripartito Vasco completamente agotado y herido de muerte a la espera del fracaso del Plan Ibarretxe y la subsiguiente convocatoria de Elecciones al Parlamento Vasco.