Friday, April 11, 2008

El PNV tras las Elecciones Generales


Las Elecciones Generales celebradas el pasado 9 de marzo han supuesto para el PNV un ligero retroceso en sus posiciones pasando de 7 a 6 escaños, pero sin embargo los centristas vascos mantienen su grupo parlamentario y ratifican su privilegiada posición como una de las fuerzas políticas más importantes del escenario político español pues son la cuarta fuerza de nuestro país.

Tras las Elecciones Generales se abre un período muy interesante y muy intenso en relación al PNV. La firme posición que le ha dado la última cita electoral le permite desarrollar un papel importante en la política española, pero sin embargo el lehendakari Juan José Ibarretxe mantiene desde el pasado mes de octubre un auténtico desafío al sistema democrático español: el segundo desafío en importancia tras el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Todo ello significa que el PNV se halla sumido en una doble paradoja que debe solucionar de forma inmediata y urgente.

Lógicamente dicha paradoja se traduce en una división interna del PNV en dos sectores. Por un lado nos encontramos al sector soberanista formado por los miembros del Gobierno Vasco y liderado por Juan José Ibarretxe que pretende convocar un referéndum para que los vascos decidan si quieren celebrar un referéndum acerca de la autodeterminación, siguiendo la línea del llamado derecho a decidir. Sin embargo, por otro lado nos encontramos con el sector pragmático formado en su mayoría por el grupo parlamentario en Cortes Generales y por los dirigentes del PNV en Vizcaya como Josu Jon Imaz, Iñigo Urkullu, Iñaki Azkuna o Iñaki Anasagasti. Dicho grupo rechaza cualquier tipo de desafío o salida rupturista apostando de forma decidida por la reforma del Estatuto de Gernika y la implicación activa en la gobernabilidad de España.

Así pues la partida se desarrolla de forma simultánea en dos mesas y dos lugares distintos: el tablero estatal y el tablero vasco. En el tablero nacional los dirigentes vizcaínos encabezados por Josu Erkoreka pondrán sus cartas encima de la mesa para negociar con el PSOE la investidura de José Luís Rodríguez Zapatero. Actúan totalmente al margen e ignorando al Gobierno vasco y sus condiciones para apoyar la investidura de Zapatero no van más allá de la mejora tradicional y anual del Concierto Económico junto a la ya mencionada reforma del Estatuto de Gernika ya asumida y compartida por el PSE de Patxi López. No son condiciones inasumibles, pero por el momento el PSOE no ha mostrado una decidida voluntad de acuerdo con el PNV dado que no ha habido negociación directa entre ambas partes y por lo tanto se ha limitado única y exclusivamente a sondear la voluntad general de todos y cada uno de los grupos en el marco de sendas rondas de conversaciones dirigidas por José Blanco y José Antonio Alonso. Ante esta situación el PNV adoptará una posición prudente y expectante fundamentada en el wait and see y se abstendrá ante la investidura de Zapatero.

En el tablero vasco nos hallamos en mitad del período que puso en marcha Juan José Ibarretxe para alcanzar bilateralmente un acuerdo entre el Gobierno vasco y el Gobierno central acerca de la formulación del denominado derecho a decidir. Como no existe ningún tipo de negociación, durante el mes de junio expirará dicho período sin acuerdo y el lehendakari comparecerá ante el Parlamento Vasco para someter a votación la convocatoria de un referéndum sobre el derecho a decidir. Los diputados vizcaínos del PNV en el Parlamento Vasco votarán en contra de la iniciativa del lehendakari y este saldrá derrotado, con lo cuál Eusko Alkartasuna y Ezker Batúa abandonarán el Gobierno vasco y Ibarretxe deberá convocar elecciones anticipadas. En esas Elecciones al Parlamento Vasco el candidato del PNV no sería Ibarretxe y podría ser Josu Jon Imaz.

Entonces, tras las Elecciones al Parlamento vasco se formalizaría un pacto muy beneficioso entre PNV y PSOE que se caracterizaría por la formación de un gobierno de coalición en Euskadi y por un papel activo del PNV en la política española que incluso podría incluir ministros peneuvistas en el Gobierno central, hecho inédito desde el inicio de la trayectoria democrática española en 1977. Sería un pacto dotado de gran potencia y estabilidad que sería histórico y que por lo tanto repercutiría en beneficio de Euskadi y del conjunto de España, pues renovaría el histórico pacto de la Monarquía constitucional con Euskadi como parte singularizada del Estado español.

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