En los últimos días la tensión que ha caracterizado las relaciones entre el Gobierno del PSOE y la Iglesia católica ha alcanzado su punto culminante tras la protesta formal realizada por el Ministro de Asuntos Exteriores don Miguel Ángel Moratinos ante el nuncio del Vaticano monseñor Manuel Monteiro de Castro. Esta situación constituye un hecho claramente insólito pues tras la II Guerra Mundial ningún país europeo de tipo democrático ha experimentado conflictividad en las relaciones con el Vaticano. No sólo constituye un hecho insólito la circunstancia del conflicto sino la situación que puede abrirse tras esta protesta formal y que podría desembocar en una ruptura del Concordato firmado en 1979. Asimismo, este hecho también sería inaudito desde el inicio del sistema democrático de España que data de 1977.
La actitud del Gobierno ante el Vaticano está completamente injustificada, pues la nota de la Conferencia Episcopal ante las Elecciones Generales es una práctica reconocida que se ha venido haciendo regularmente desde 1977. Sin embargo, la negativa de la Conferencia Episcopal a acabar con ETA mediante la negociación constituye una actitud completamente censurable, pues los postulados de la Iglesia Católica apuestan por la negociación como método eficaz para solucionar cualquier tipo de conflicto. Asimismo, la Iglesia Católica en España ha formado parte activa mediadora entre el Gobierno y ETA en los sucesivos intentos negociadores que han tenido lugar desde 1977.
El PSOE con José Luís Rodríguez Zapatero al frente está basando su campaña electoral en el ataque sistemático hacia la Iglesia Católica, pues tiene la intuición que sólo bajo este modo logrará movilizar el voto extraordinario que le dio la victoria en las pasadas Elecciones Generales de 2004. Nada más lejos de la realidad, pues el hecho católico constituye en España un sentimiento transversal que no puede ser atribuido a un único y concreto sector ideológico: el mismo país que en 1982 le dio al PSOE una victoria aplastante a la semana siguiente se echó a la calle para recibir al difunto papa Juan Pablo II. Por ello, esta estrategia del PSOE puede significar un profundo y grave error que le podría arrebatar la victoria electoral, pues para poder mantener el voto antisistema pierde el mucho más significativo voto socialista moderado que ante tamaña radicalización del mensaje de Zapatero o por sentirse personalmente ofendidos se quedarían en casa. En su desafío a la Iglesia católica Zapatero tiene mucho más quwe perder que no a ganar.