Si hoy domingo 6 de enero tuvieran lugar las Elecciones Generales el Partido Popular obtendría un claro triunfo al cosechar un 40,7% de los votos y 164 escaños, circunstancia que se traduciría en una victoria por dos puntos y tres décimas. El PSOE saldría derrotado al obtener el 38,4% de los votos y 142 escaños, con lo que José Luís Rodríguez Zapatero sería el Presidente del Gobierno con un mandato más corto junto a Leopoldo Calvo Sotelo y el único que no consigue revalidar su cargo en las urnas.Esta victoria del PP se traduciría en un aumento de tres puntos porcentuales y cuatro escaños respecto los anteriores comicios celebrados en 2004, aunque no obtendría la mayoría absoluta y por lo tanto precisaría de pactos para poder gobernar. En cambio, el PSOE habría dilapidado el capital político cosechado en las anteriores elecciones, marcando un fenómeno único en la historia de la democracia, pues su derrota se traduce en un descenso de cuatro puntos y dos décimas plasmado en la pérdida de veintiun escaños.
Repasando la situación actual de las 52 provincias o circunscripciones electorales se observa una clara movilización del Partido Popular que obtiene el triunfo en treintainueve de ellas, mientras el PSOE tan sólo cosecha la victoria en nueve provincias, registrando una clara desmovilización de su electorado, pues sólo mejoraría resultados en Euskadi y Canarias empeorándolos en las restantes circunscripciones.Dichos datos conducen a pensar respecto la existencia en España de una mayoría natural de derechas, dado que se observa un claro predominio conservador que afecta tanto a las zonas menos desarrolladas como a las zonas más dinámicas del país. Así pues, el PSOE obtuvo la victoria en 2004 gracias a la enorme movilización de su electorado en circunstancias exepcionales como las acontecidas con los atentados del 11-M y esa victoria se tradujo en una ventaja de cinco puntos sobre el PP. Pero en unas circunstancias normales como las de junio de 2004 en las Elecciones Europeas el Partido Popular recortó su distancia a tan sólo dos puntos. Tres años después y en mitad de un cierto descontento con Zapatero por su forma errática de afrontar las cuestiones, el PP se impuso en las Elecciones Municipales de mayo de 2007 con una ventaja de siete décimas sobre el PSOE. Todo ello viene a justificar como posible una victoria de los populares el próximo 9 de marzo.
De nuevo, Convergencia i Unió reafirma su condición de fuerza clave para garantizar la gobernabilidad de España,al consolidar su tercera posición y aumentar su representación en tres escaños pasando así de diez a trece diputados. Otra fuerza importante que aparece en una posición clave de cara al nuevo escenario político es el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que mantiene sus siete diputados, dispuestos a ejercer un doble juego con el objetivo de marear a la fuerza gobernante que basculará un día entre el pragmatismo centrista y el desafío frontal al otro, todo ello condicionado por la estrategia que decida marcar la banda terrorista ETA. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) experimenta un fuerte descenso respecto a los espectaculares resultados de las pasadas elecciones al pasar de ocho a cinco diputados, pero mantendría in extremis su grupo parlamentario.
Izquierda Unida (IU) sufriría un fuerte varapalo al perder su grupo parlamentario y pasar al Grupo Mixto ya que con cuatro diputados cosecha sus peores resultados desde 1982 cuando Santiago Carrillo también les dejó en el mixto. Estos resultados conducirían a Gaspar Llamazares a dimitir y situarían a la coalición frente a una nueva refundación, pues es evidente que los poscomunistas han perdido un discurso estatal y se han mostrado incapaces de mostrar una idea de España ya que se han balcanizado en distintos grupos locales de poder que han acabado emancipándose de cualquier tipo de coordinación centralizada. Así, tras las elecciones IU como tal puede estallar y desaparecer diluida entre las muchas fracciones y grupos que la forman de las que tan solo IC-EUIA sería capaz de sobrevivir. De esta forma se constituiría una nueva coalición estatal que refundaría los poscomunistas en forma de un partido ecologista y los históricos del PCE como Francisco Frutos, Felipe Alcaraz o Rosa Aguilar quedarían en la marginalidad extraparlamentaria.
Finalmente puede hablarse de un fracaso electoral en las nuevas opciones autodenominadas centristas que representan Ciutadans y UPD ya que el objetivo de ambas era convertirse en formaciones bisagra, capaces de evitar la dependencia de la fuerza ganadora hacia las formaciones nacionalistas. No será así pues Ciutadans con Albert Rivera a la cabeza tan sólo obtendría dos escaños en Madrid y Barcelona, mientras Unión, Progreso y Democracia (UPD) tan sólo lograría situar en el Congreso a Rosa Díez.
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