El pasado 13 de noviembre la Casa Real anunció mediante un comunicado la separación de los Duques de Lugo: la infanta Elena de Borbón y don Jaime de Marichalar. Sin embargo el comunicado anunciaba el cese temporal de la convivencia y por lo tanto una separación sin efectos jurídicos, pero este hecho marcaba el fin de un matrimonio de doce años de duración que se iniciaba en 1995 y que ha dejado dos hijos en común.
A pesar de la triste noticia que supone toda separación la misma no tiene efectos legales sobre la situación de la pareja. En primer lugar debe señalarse que ni tan siquiera se puede considerar como una separación legal pues la figura de cese temporal de la convivencia indica que la pareja ha decidido darse un tiempo de reflexión por separado para reflexionar sobre su futuro. Por lo tanto el cese temporal no tiene efectos legales pero la separación si los tiene aunque para alterar la situación legal de la pareja dentro de la Familia Real ambos deberían divorciarse. Así pues de momento y hasta que no haya divorcio tanto doña Elena de Borbón como don Jaime de Marichalar figurarán a efectos legales como esposos y por lo tanto como Duques de Lugo ostentando la representación protocolaria de la Corona en aquellos actos a los que su presencia sea requerida. Con motivo de su boda don Juan Carlos concedió a doña Elena de Borbón el título de Duquesa de Lugo que Jaime de Marichalar ostenta también como consorte y seguirá ostentándolo hasta que no haya divorcio de por medio.
Los Duques de Lugo han pasado la mitad de su matrimonio en rumores acerca de su separación. A finales de 2001 don Jaime de Marichalar tuvo un infarto cerebral mientras hacía gimnasia del que le costó un mes salir del hospital. Ese hecho le cambió radicalmente la vida al duque que hizo caso omiso de los consejos de los médicos sobre su rehabilitación y empezó a frecuentar la noche madrileña entablando amistades con personajes nada recomendables del mundo de la farándula. Sus nuevas amistades le alejaron de la rehabilitación, de doña Elena y de sus responsabilidades como miembro de la Familia Real. Entonces se iniciaron los rumores sobre una separación y el Rey decidió enviar a los Duques de Lugo a Nueva York para que siguiera su rehabilitación. Un año estuvieron en la ciudad americana y a su vuelta la mejoría tanto física como de carácter en don Jaime eran evidentes pero una vez en Madrid volvió a las andadas y hasta llegar a la situación actual.
Con la media de notable que disfruta la institución monárquica puede permitirse una separación de dos de sus miembros sin que esta circunstancia dañe su imagen. En los últimos meses los diversos acontecimientos que han rodeado la Corona (caricaturas de El Jueves, quema de imágenes del Rey en Catalunya, visita real a Ceuta y Melilla y incidentes en la Cumbre Iberoamericana) en vez de debilitar han fortalecido su imagen con lo que afronta la noticia de la separación en estado óptimo. Como dicha noticia ha tenido lugar en la más absoluta discreción y sin que se haya dado ningún tipo de escándalo, pues a pesar de que es la primera vez que en la Corona hay una separación la imagen de la institución no se verá afectada. Lamento la noticia y les deseo que felizmente puedan rehacer su vida.
A pesar de la triste noticia que supone toda separación la misma no tiene efectos legales sobre la situación de la pareja. En primer lugar debe señalarse que ni tan siquiera se puede considerar como una separación legal pues la figura de cese temporal de la convivencia indica que la pareja ha decidido darse un tiempo de reflexión por separado para reflexionar sobre su futuro. Por lo tanto el cese temporal no tiene efectos legales pero la separación si los tiene aunque para alterar la situación legal de la pareja dentro de la Familia Real ambos deberían divorciarse. Así pues de momento y hasta que no haya divorcio tanto doña Elena de Borbón como don Jaime de Marichalar figurarán a efectos legales como esposos y por lo tanto como Duques de Lugo ostentando la representación protocolaria de la Corona en aquellos actos a los que su presencia sea requerida. Con motivo de su boda don Juan Carlos concedió a doña Elena de Borbón el título de Duquesa de Lugo que Jaime de Marichalar ostenta también como consorte y seguirá ostentándolo hasta que no haya divorcio de por medio.
Los Duques de Lugo han pasado la mitad de su matrimonio en rumores acerca de su separación. A finales de 2001 don Jaime de Marichalar tuvo un infarto cerebral mientras hacía gimnasia del que le costó un mes salir del hospital. Ese hecho le cambió radicalmente la vida al duque que hizo caso omiso de los consejos de los médicos sobre su rehabilitación y empezó a frecuentar la noche madrileña entablando amistades con personajes nada recomendables del mundo de la farándula. Sus nuevas amistades le alejaron de la rehabilitación, de doña Elena y de sus responsabilidades como miembro de la Familia Real. Entonces se iniciaron los rumores sobre una separación y el Rey decidió enviar a los Duques de Lugo a Nueva York para que siguiera su rehabilitación. Un año estuvieron en la ciudad americana y a su vuelta la mejoría tanto física como de carácter en don Jaime eran evidentes pero una vez en Madrid volvió a las andadas y hasta llegar a la situación actual.
Con la media de notable que disfruta la institución monárquica puede permitirse una separación de dos de sus miembros sin que esta circunstancia dañe su imagen. En los últimos meses los diversos acontecimientos que han rodeado la Corona (caricaturas de El Jueves, quema de imágenes del Rey en Catalunya, visita real a Ceuta y Melilla y incidentes en la Cumbre Iberoamericana) en vez de debilitar han fortalecido su imagen con lo que afronta la noticia de la separación en estado óptimo. Como dicha noticia ha tenido lugar en la más absoluta discreción y sin que se haya dado ningún tipo de escándalo, pues a pesar de que es la primera vez que en la Corona hay una separación la imagen de la institución no se verá afectada. Lamento la noticia y les deseo que felizmente puedan rehacer su vida.
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