El pasado 13 de septiembre don Juan Carlos I visitó la ciudad de Girona en lo que fue la segunda visita de su reinado a dicha urbe, transcurriendo treinta años de su primera visita que se remonta al año 1979. Durante dicha visita un reducido grupo de independentistas antisistema y extraparlamentarios procedió a manifestarse contra la visita real quemando fotos de su majestad, situación que a ojos de la Fiscalía y de la Audiencia Nacional constituyó un delito de injurias a la Corona castigado con una pena máxima de dos años de prisión. Los dos encapuchados que quemaron las fotos del Rey fueron citados ante la Audiencia Nacional y el juez Santiago Pedraz decidió encausarlos por el mencionado delito. Sin embargo la quema de retratos reales prosiguió el pasado 22 de septiembre en Girona y Molins de Rei pero esta vez de forma más grave puesto que en una concentración de apoyo a los encuasados fueron 50 los individuos que quemaron fotos. La Audiencia Nacional actuó de igual forma y el juez Grande Marlaska ha citado a 8 de los 50 incendiarios que protagonizaron los incidentes esperando poder proceder a la identificación de los 42 restantes. Entretanto, al cierre de este artículo fueron quemadas fotos de don Juan Carlos en Manresa y Lleida.
La primera y más importante consideración consiste en el carácter delictivo de los hechos pues traspasan claramente los límites del derecho a la libertad de expresión establecidos en el artículo 20.4 de la Constitución. Es posible, desde 1978 siempre ha sido así, manifestar opiniones contrarias a la Corona en el marco de manifestaciones legales, pero constituye un acto delictivo quemar imágenes del Rey porque supone una clara vulneración del derecho al honor de un símbolo constitucional, uno de los principales símbolos del Estado que nos pertenece a todos los españoles por haber sido la Constitución de 1978 refrendada por una clara mayoría de los catalanes y del conjunto de los españoles.
En segundo lugar debo desmentir de forma clara y rotunda que estos hechos prueben que en Catalunya hay un claro sentimiento o campaña destinada a desprestigiar a la Corona. Los autores de los hechos pertenecen a colectivos independentistas eminentemente marginales y extraparlamentarios como es el caso de las CUP, Maulets o Endavant que tienen escaso poder de convocatoria y que siempre que tienen lugar desafortundadas acciones de este tipo son los mismos. Estos colectivos no representan ni de lejos los sentimientos de la sociedad catalana y sólo han conseguido adquirir notoriedad por la espectacularidad y gravedad de sus acciones pero no pasan de ahí porque su marginalidad les hace incapaces de captar más gente dispuesta a unirse a su campaña antimonárquica. Es muy importante resaltar la circunstancia de que ningún responsable tanto de ERC como de ICV-EUIA se haya unido a estos colectivos, porque pese al carácter antimonárquico que tienen estos partidos siempre han mostrado sus discrepancias con la monarquia constitucional de forma legal y respetuosa tal y como marcan los cauces del Estado de derecho.
Sin embargo los hechos de las últimas semanas han resucitado de nuevo el miedo en la formación ecosocialista al fantasma de la crisis que de tanto en cuanto aparece en ICV-EUIA desde que a Joan Saura le tocó hacerse cargo de la conselleria de Governació y por lo tanto, del mando de las fuerzas de orden público de Catalunya: los Mossos d’Esquadra. De nuevo el líder de los ecosocialistas aparece emparedado entre los que le acusan de impasividad frente a los colectivos radicales y marginales y aquellos que en el interior de ICV-EUIA le reprochan una actitud represiva hacia colectivos amigos como son aquellos que han protagonizado el ultraje a la Corona. Menos mal que estos incidentes no van a ir a más porque de lo contrario más que la monarquia la víctima sería el propio Saura que moriría políticamente, fruto de las contradicciones internas y la falta de seriedad de su formación que es completamente incapaz de convertirse en un partido serio y competente preparado para asumir responsabilidades de gobierno.
Finalmente cabe remarcar la vergonzosa falta de reacción oficial ante los hechos por parte de la clase política catalana que una vez más ha demostrado su absoluta incapacidad para sacar a Catalunya de la grave crisis en la que se halla immersa y que con episodios como este se acerca cada vez más hacia el absimo. No ha habido ni una sola reacción de carácter firme y grave capaz de poner fin a los incidentes que acabarán al cabo de aproximadamente dos semanas, no por la reacción de los políticos sino por la marginalidad de los colectivos mencionados. Sin embargo hay una excepción: la protagonizada por Ciutadans que han sido los únicos a alzar la voz contra la gravedad del ultraje a la Corona acontecido en los últimos días, convocando una manifestación para que pueda oirse la voz de aquellos que en Catalunya nos hallamos al lado de la monarquia constitucional, apoyándola firmemente. Desafío a aquellos que estos últimos días han callado para que el próximo 6 de Octubre en Barcelona vean quién reacaba más apoyos: los catalanes que apoyamos a nuestra monarquía constitucional o bien los desarrapados que queman fotos de don Juan Carlos. Mientras tanto Albert Rivera le ha dado un evidente tortazo al Partido Popular y a su líder catalán don Daniel Sirera porque no tiene ningún complejo en sacarnos a la calle y unirnos detrás suyo a los catalanes nacionalistas y no nacionalistas que queremos a la Corona, mientras Sirera no es capaz de defender con eficacia sus postulados, prueba de la permanente crisis e inutilidad de los populares catalanes que no sirven para nada. No cabe duda de que con esta manifestación don Albert Rivera se apuntará un tanto muy importante.
De todas formas para acabar le doy un perqueño tironcito de orejas a don Juan Carlos porque de la proximidad nace el aprecio y no está nada bien pasarse veintiocho años sin visitar Girona mientras visita dos veces al año el también precioso archipiélago balear.
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