El pasado 11 de septiembre el PNV aprobó la ponencia que debe guiar la estrategia inmediata del partido consistente en la creación de una mayoría social y política capaz de plasmar en un referéndum el derecho de autodeterminación de los vascos sobre su futuro. Dicha ponencia se presentó ante la opinión pública como un pacto de consenso entre los dos sectores existentes en los nacionalistas vascos: los soberanistas de Juan José Ibarretxe y Joseba Eguibar versus los centristas pragmáticos de Josu Jon Imaz que como bien sabido es el actual Presidente del PNV. Pero nada más lejos de la realidad porque al leer el resultado de la ponencia queda clara la victoria de las tesis de Ibarretxe y Eguibar mientras no contempla ni un solo punto de las tesis de Josu Jon Imaz. Y efectivamente ello se hizo evidente al día siguiente con el anuncio de Imaz consistente en su renuncia a optar de nuevo a la reelección como Presidente del PNV arguyendo como razones la tensión del debate vivido en el seno del PNV previa aprobación de la ponencia y la derrota de sus posiciones en las que se reafirmaba de forma clara. Se abría una auténtica crisis en el seno del PNV que finalmente y en la más absoluta de las paradojas acababa, pese a su triunfo, con la renuncia de Joseba Eguibar a optar a la presidencia del partido, perfilándose como sustituto de Imaz el Presidente del PNV en Guipúzcoa don Iñigo Urkullu que a su misma vez es absolutamente leal a Imaz. Una auténtico galimatías el que ha tenido lugar durante la semana pasada en el PNV que a continuación vamos a tratar de desentrañar.
En primer lugar toda esta extraña componenda que se ha dado en el seno de los nacionalistas se ha vendido a la opinión pública como un pacto de síntesis que soluciona las diferencias entre soberanistas y centristas pragmáticos. Este argumento es totalmente falso y el pacto suscrito entre las dos corrientes completamente efímero, pues a pesar de que la presidencia del partido continua en manos de los centristas la presidencia del Gobierno Vasco queda en manos del soberanista Juan José Ibarrexte que como máximo representante institucional de Euskadi tiene en sus manos el futuro de su nación y el futuro de su partido. Así pues poco va a poder hacer el futuro presidente del partido con unas líneas de actuación que no son las suyas y cuya aplicación residen en las manos de Ibarretxe.
El pacto suscrito entre ambas corrientes y por lo tanto la tranquilidad en el PNV durará hasta el 27 de septiembre, fecha en la que tendrá lugar el tradicional debate anual de Política General en el Parlamento Vasco. En ese debate Juan José Ibarretxe anunciará el rescate del teóricamente fracasado plan homónimo no para votarlo de nuevo en la cámara y trasladarlo a las Cortes sino para someterlo a referéndum. Dicha situación supondría un auténtico desafío a nuestra Constitución vigente desde 1978, la más grave desde el Golpe de Estado de 1981, puesto que el Gobierno Vasco no tiene competencia para convocar referéndums. En su pulso contra el ordenamiento constitucional el lehendakari cuenta con el apoyo de sus socios de gobierno de Eusko Alkartasuna y de Ezker Batúa pero en cambio cuenta con la oposición del sector más importante del PNV, el sector de Imaz, de Urkullu: el sector de la burguesía vizcaína, siempre moderno, centrista, europeísta y humanista que jamás permitirá a Ibarretxe jugarse la autonomía vasca en una aventura que no lleva a ningún lugar: un desvarío de fanáticos en el que Ibarretxe y sus fieles, por desgracia también los vascos en su conjunto, tienen mucho más a perder que no a ganar.
El 27 de septiembre será un día decisivo para el País Vasco pero también para el PNV. Ibarretxe anunciará la plasmación definitiva de su desafío que a bien seguro lo arrastrará hacia su muerte política. Del total de 30 diputados que posee el PNV en el Parlamento vasco un total de 11 proceden de Vizcaya y representan la corriente centrista de Imaz y Urkullu guiada en la cámara por el veterano José Antonio Rubalkaba al entorno del cual se ha formado un grupo muy fiel dispuesto a no tolerarle ni una al lehendakari. Estos 11 diputados son absolutamente determinantes para mantener la estabilidad del Gobierno de Ibarretxe y si decidieran votar en su contra provocarían ipso facto el fin de Juan José Ibarretxe. El próximo 27 el lehendakari puede tomar dos caminos: someter a votación de la cámara al final del debate, en forma de resolución, su intención de convocar el referéndum o bien convocarlo directamente para la fecha que considere oportuna que puede ser antes de las Elecciones Generales. Si Ibarretxe somete la convocatoria del referéndum a votación del Parlamento vasco sufrirá una auténtica derrota pues los diputados vizcaínos del PNV entrarán en rebelión y votarán en contra con lo cuál no le quedará más salida que presentar la dimisión pero si convoca el referéndum el pacto actual saltará por los aires y Urkullu declarará la guerra a Ibarretxe teniendo el lehendakari todas las de perder. Ya informaré lo más pronto que me sea posible tras el 27 en función de lo que haya dicho el lehendakari pero Josu Jon Imaz puede no haberse retirado definitivamente: se ha retirado temporalmente para una vez liquidado Ibarretxe alzarse con la designación del PNV para ser su próximo candidato a lehendakari. Menuda jugada maestra la de Imaz!
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