Durante la madrugada del pasado 5 de junio la banda terrorista ETA hizo público un comunicado en el semanario radical vasco Berría en el que ponía punto y final al alto al fuego de iure iniciado el pasado 22 de marzo de 2006 anunciando su vuelta a las armas. El alto al fuego ya se había acabado de facto el pasado 30 de diciembre con el atentado contra la T-4 del aeropuerto de Barajas que causó la muerte a dos personas.
En el comunicado, los etarras califican al Presidente del Gobierno de fascista y al PNV de tener ansias insaciables de dinero ligando la ruptura de la tregua a la anulación por parte del TS de la mitad de las candidaturas de ANV a las Elecciones Municipales.
El proceso de paz fue desde el primer momento la crónica de una muerte anunciada pero no por ello el gobierno renunció a cumplir con sus responsabilidades que consistían en explorar cualquier via posible que se vislumbrara para poner punto y final a treinta y nueve años de violencia etarra. Y es que al día siguiente de la declaración de alto al fuego se descubría la verdadera voluntad de ETA al conocerse el robo de una furgoneta en el sur de Francia. El gobierno decidió abrir un período para asegurarse de la voluntad de ETA de llevar a cabo un proceso de paz llamado proceso de verificación del alto al fuego en el que la banda continuó con las extorsiones y la realización de varios actos de kale borroka. No se daban pues, las condiciones para llevar a cabo un proceso de paz y el PP retiró su apoyo al Gobierno pero este decidió no frustrar temporalmente ninguno de los anhelos de paz que se habían depositado. La clave para la viabilidad del proceso de paz junto a la ausencia de actividad etarra era el rechazo a la violencia y la desvinculación de Batasuna respecto a ETA. Dicho gesto habría sidfo trascendental pues junto a la legalización de Batasuna y la aceptación de las reglas de juego democrático hubiera abocado a ETA a la desaparición, puesto que la banda se habría quedado sin ningún apoyo y sin razón para existir no hubiera tenido más camino que entregar las armas y disolverse.
En un gesto de buena voluntad pese a la extorsión y la kale borroka el Presidente del Gobierno dio por verificado el alto al fuego y el 30 de junio de 2006 anunció la apertura oficial de contactos con ETA. A tal efecto, Patxi López llevó a cabo una reunión con la cúpula de Batasuna para pedirles oficialmente el rechazo a la violencia de ETA y legalizarse pero los abertzales se matuvieron en sus posiciones maximalistas y se negó a ceder abocando al proceso de paz a un callejón sin salida.
Ante este callejón sin salida se intentò buscar una vía alternativa a partir de la consecución de un acuerdo para la constitución de la Mesa de Partidos en Euskadi que permitiera proceder a Batasuna al rechazo de la violencia y legalizarse pero esa vía tampoco tuvo éxito habida cuenta de las presiones etarras, la permanente presencia de la kale borroka y el maximalismo batasuno que reclamaba que la Mesa de Partidos tuviera como temas la anexión de Navarra a Euskadi y la autodeterminación futura de de ambos territorios.
El proceso entró en una crisis irreversible y saltó por los aires el 30 de noviembre con el atentado contra la T-4 de Barajas que además causó la muerte a dos personas. ETA tuvo el cruel sarcasmo de emitir un comunicado prorrogando la tregua hasta hoy pero el Gobierno cometió la indignidad de ceder al chantaje de un terrorista que se puso en huelga de hambre para ser liberado. Esperemos que tras la ruptura de la tregua no hayan nuevas cesiones porque de lo contrario una auténtica ola de indignación ciudadans se llevará por delante a José Luís Rodríguez Zapatero en las próximas Elecciones Generales.
En el comunicado, los etarras califican al Presidente del Gobierno de fascista y al PNV de tener ansias insaciables de dinero ligando la ruptura de la tregua a la anulación por parte del TS de la mitad de las candidaturas de ANV a las Elecciones Municipales.
El proceso de paz fue desde el primer momento la crónica de una muerte anunciada pero no por ello el gobierno renunció a cumplir con sus responsabilidades que consistían en explorar cualquier via posible que se vislumbrara para poner punto y final a treinta y nueve años de violencia etarra. Y es que al día siguiente de la declaración de alto al fuego se descubría la verdadera voluntad de ETA al conocerse el robo de una furgoneta en el sur de Francia. El gobierno decidió abrir un período para asegurarse de la voluntad de ETA de llevar a cabo un proceso de paz llamado proceso de verificación del alto al fuego en el que la banda continuó con las extorsiones y la realización de varios actos de kale borroka. No se daban pues, las condiciones para llevar a cabo un proceso de paz y el PP retiró su apoyo al Gobierno pero este decidió no frustrar temporalmente ninguno de los anhelos de paz que se habían depositado. La clave para la viabilidad del proceso de paz junto a la ausencia de actividad etarra era el rechazo a la violencia y la desvinculación de Batasuna respecto a ETA. Dicho gesto habría sidfo trascendental pues junto a la legalización de Batasuna y la aceptación de las reglas de juego democrático hubiera abocado a ETA a la desaparición, puesto que la banda se habría quedado sin ningún apoyo y sin razón para existir no hubiera tenido más camino que entregar las armas y disolverse.
En un gesto de buena voluntad pese a la extorsión y la kale borroka el Presidente del Gobierno dio por verificado el alto al fuego y el 30 de junio de 2006 anunció la apertura oficial de contactos con ETA. A tal efecto, Patxi López llevó a cabo una reunión con la cúpula de Batasuna para pedirles oficialmente el rechazo a la violencia de ETA y legalizarse pero los abertzales se matuvieron en sus posiciones maximalistas y se negó a ceder abocando al proceso de paz a un callejón sin salida.
Ante este callejón sin salida se intentò buscar una vía alternativa a partir de la consecución de un acuerdo para la constitución de la Mesa de Partidos en Euskadi que permitiera proceder a Batasuna al rechazo de la violencia y legalizarse pero esa vía tampoco tuvo éxito habida cuenta de las presiones etarras, la permanente presencia de la kale borroka y el maximalismo batasuno que reclamaba que la Mesa de Partidos tuviera como temas la anexión de Navarra a Euskadi y la autodeterminación futura de de ambos territorios.
El proceso entró en una crisis irreversible y saltó por los aires el 30 de noviembre con el atentado contra la T-4 de Barajas que además causó la muerte a dos personas. ETA tuvo el cruel sarcasmo de emitir un comunicado prorrogando la tregua hasta hoy pero el Gobierno cometió la indignidad de ceder al chantaje de un terrorista que se puso en huelga de hambre para ser liberado. Esperemos que tras la ruptura de la tregua no hayan nuevas cesiones porque de lo contrario una auténtica ola de indignación ciudadans se llevará por delante a José Luís Rodríguez Zapatero en las próximas Elecciones Generales.
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