Al disponerme a hacer este artículo he decidido echar mano del baúl de los recuerdos y he sacado una canción llamada Thank you for the music de un célebre grupo sueco de ABBA con la que en 1982 se despidieron del público. Esta buena canción a pesar de ser una canción de despedida es alegre porque supone el cierre de una etapa para dar lugar a otra no menos feliz. Eso es lo que le ha sucedido a Pasqual Maragall que ha puesto punto y final a su etapa al frente del PSC para abrir una nueva etapa que tanto para él como para aquellos que le seguirán se promete muy ilusionante y fructífera.
Pasqual Maragall pone punto y final a una etapa en el PSC de forma muy polémica pero valiente y sobre todo honrada. El 25 de abril, Maragall realizaba unas declaraciones en un diario italiano en las que aseguraba que el esfuerzo de realización del Estatut no había valido la pena El 27 de abril reaparecía en una revista literaria en la que acusaba a Zapatero de haberle traicionado para poner a Montilla en su lugar. Dos días más tarde se despachaba a gusto en la Vanguardia disparando contra la línea de flotación de José Montilla al acusarlo de estar dejando una Catalunya triste, apática y aburrida. Una semana más tarde, desde Nueva York volvía a la carga con un claro desmarque del PSC al calificarlo como un partido periclitado, rompiendo con años de enfrentamiento con CIU al asumir los postulados defendidos por gente como François Bayrou en los que la federación nacionalista colabora en el ámbito europeo. La reacción de ICV-EUIA fue histérica y en el PSC cayeron en el insulto personal al llamar el montillano Raimon Martínez Fraile enfermo a Pasqual Maragall. Acto seguido, se planteó un auténtico pulso soterrado en el PSC que ganó Maragall a Montilla al verse obligado a destituir a Martínez Fraile de su cargo de Delegado de la Generalitat en Madrid. Resulta que Maragall no estaba solo y tenía más gente de la que se creía en su lugar... Finalmente, el pasado 29 de mayo cantaba el expresident el Thank you for the music en un artículo en la Vanguardia cerrando su chiringuito en el PSC lamentándose de no haber podido conseguir grupo parlamentario propio del PSC en el Congreso y un Área Metropolitana para Barcelona. Así pues, se preparaba para iniciar una nueva etapa con una formación centrista y europeísta para la que aseguraba contar con gente. ¡Aviso para navegantes!
Pasqual Maragall nació en el seno de una familia burguesa catalanista de raíz católica. Su abuelo fue el poeta regeneracionista Joan Maragall destacado catalanista moderado y su padre Jordi Maragall un importante activista católico, catalanista y antifranquista. El joven Pasqual estudió económicas y es hijo de su época, la del mayo del 68 y decidió rebelarse contra el ambiente de su familia apostando por ser un joven revolucionario fascinado por la lucha de clases. Sin embargo, marchó a Estados Unidos de dónde volvió completamente renovado y con el componente revolucionario que tenía completamente desaparecido.
Entró a trabajar en el Ayuntamiento de Barcelona del tardofranquismo empapándose del más mínimo detalle de su estructura orgánica y funcionamiento. Entró a militar en el PSC en 1978 con el catalanismo de Joan Reventós y en 1979 fue elegido concejal en el primer consistorio democrático barcelonés. Su gran oportunidad llegó en 1982 cuando en entonces alcalde Narcís Serra marchó a Madrid para asumir el ministerio de Defensa y él se convirtió en alcalde de Barcelona. A partir de entonces hizo gala de su gran virtud heredada de su tradición familiar que ha sido siempre la genialidad imaginativa. Tuvo una gran idea para regenerar a Barcelona y sacarla de la mediocridad en la que estaba sumida mediante su conversión en la ciudad olímpica que organizaba los Juegos Olímpicos de 1992. Apostó a fondo por dicha idea... y le salió bien! Gracias a ello dotó a la ciudad de la fama y prestigio mundial del que la ciudad vive hoy, poco pero todavía vive, y le dio a nuestra ciudad una vuelta auténtica abriéndola al mar y regenerando su casco antiguo.
Sin embargo, sus compañeros de un PSC auténticamente amodorrado, aburrido, dormido, anquilosado y burocrático mostraron una completa ingratitud hacia él porque su genialidad y profundidad intelectual molestaban muchísimo en una formación donde el talento intelectual y la imaginación brillan por su ausencia; sobra la ignorancia, burocratización, incompetencia y gana de vivir del cuento. Sin embargo, se aprovecharon de su genialidad para lograr lo que nunca habían conseguido tras unas cuantas elecciones de batacazos severos y le hicieron enfrentarse a esa otra gran figura de la política catalana y española que es Jordi Pujol. De esta forma, las Elecciones de 1999 se presentaron más reñidas que nunca con un auténtico duelo de titanes Pujol – Maragall que ganó Pujol a los puntos. A partir de entonces, la estrella de Pasqual Maragall empezó a declinar y su deseo de culminar su carrera con el broche de oro que supone la presidencia de la Generalitat empezó a desdibujarse. En las Elecciones de 2003 incluso con Jordi Pujol retirado CIU volvió a ganar a los puntos con Artur Mas y relegando al infinito la dignidad que se había ganado durante años tuvo que plegarse a los deseos de las oscuras sombras ajenas que se abalanzaban sobre él.
A partir de entonces, la situación cambió por completo. Situado entre la espada y la pared, tanto por el aparato de su partido como por los incómodos socios de ERC e ICV-EUIA su ansiada Presidencia de la Generalitat fue un auténtico calvario de amargura y esperpentos continuados que devaluaron su imagen hasta arrastrarla por los suelos. Finalmente, tuvo que soportar como su criatura política Zapatero y el apparatchnik Montilla pactaron desplazarlo de la presidencia para situar enfrente al mediocrísimo e incompetente José Montilla. Pero aquellos que se pensaban que Maragall había muerto tras el abandono de su cargo de president se equivocaron de cabo a rabo. Tras una temporada fuera de Catalunya volvió con energías renovadas y fuera de la vida política ha conseguido hacer temblar los cimientos del Govern y de su partido recuperando por completo el prestigio perdido durante su presidencia. Pido un aplauso severo para su decisión de abandonar el PSC porque era un partido que no se correspondía con su ideario catalanista de centro reformista. Le ha costado nada más ni nada menos que treinta años darse cuenta de su equivocación pero yo, como toda persona humana estoy completamente dispuesto a disculpar los errores ajenos.
Y ahora yo le digo a Pasqual Maragall que me siento amigo suyo porque defendemos lo mismo: el catalanismo de centro reformista. Estoy muy contento de que finalmente se haya dado cuenta porque para él no acaba una etapa sino que empieza una nueva igual de ilusionante. ¡Mucha suerte, Pasqual!
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